Era un tiempo de luz,
donde los límites chocaban desde fuera hacia dentro.
Tiempo de niños y lluvia de almíbar,
cuando desde el alba hasta el ocaso
el cielo fue la patria de los ojos.
Mayo se iniciaba en parto múltiple,
de capullo a corola cosidas a la
tierra,
reinaban las flores de suelo.
Después cedían el trono a
las hojas,
agujas de dolor velando los ajados pétalos,
sin saber que las raíces volvían a llenar el útero,
cofre escondido,
hasta otro nacimiento.
Y allí, tú y yo,
como atrevidas flores nos abríamos sobre la hierba
para llevar a lo más alto
todo el color de los sueños.
Poema realizado al cuadro homónimo de Carlos Vázquez





