21 jul. 2014

TELAS DE VIDA


 

Me hilaron con pausa las entretelas,
hasta el día en que el aire
secó mi cuerpo anfibio.
Presa en el algodón quedó la piel.
Con encajes de hilo y al agua tibia,
se marcó la cruz de las ceremonias.
 
Vichí a cuadros o flores
cosían la inocencia de la infancia.
Blanca de organdí bordado y tul,
otra cruz en la sinrazón de los siete años.

Desde los pliegues de aquellas sotanas,
con el lizo más hábil,
                      la culpa tejía la urdimbre de nuestro telar,
                      negrura que nos plisaba los tablones del miedo.

                      Cabezas planchadas al almidón,
lo subían hasta el punto del vómito.
Nos igualaban en el vestir,
de lana oscura
y corbata de ahogar lo femenino.
La niñez se iba deshilachando
en cada paso al pensamiento en veda.

Al vuelo de organza y pies de charol
estrené el año del brío adolescente,
con la duda enredada
entre amor y pecado.
 
Los vaqueros bordaban rebeldía,
de letra en letra 
por “Los caminos de la libertad”
no aptos a las bestias de paño gris
que nos hacían cruceta en el cuerpo.
 
La señal de aleteo en el amor
fue la senda obligada
a otro coleccionable.
De sedas y azahar el nuevo lazo,
me ató todos los trajes del matrimonio,
un nudo que aflojaba sin querer, 
se soltó una mañana de violetas.
 
Hoy vivo al aire de otros amaneceres,
miro con lupa las tramas
si quiero rojos de atardecer.
Cuando me cautivan los tonos
puedo ajustarme el traje.
 
Si el sol barre el color de mis tapices
me suelto al punto.
Negros de viscosa o seda fría
si es que aprieta la soledad.
 
Y sigue siendo el denim de los vaqueros
el  tejido más adaptable,
que aún me viste de rebelde
si alguien busca soltar
una puntada en mis costuras. 

7 jul. 2014

MUÑECO




Fue molde del abrazo

cuando la lágrima

era goma de borrar tristeza.

En  sus ojos siempre

la risa azul.

 

Saltan a la memoria

las noches de viento y susto.

¿Qué dice la ventana?

¿Por qué el cristal responde?

 

Su frío de muñeco

tiritaba en mi piel.

Con lógica inocente

lo apretaba contra el pecho,

no era extraño notar

blando y tibio el cartón.

 

Ahora otros ojos me taladran,

los niños de hueso y hambre…

Casi nada se mueve

si el bienestar se cuela dentro.

 

Si la infancia nos soltó tan humanos,  

¿por qué este lazo adulto que sujeta?

 

6 jul. 2014

ODA A LOS PIES

 

Invisibles pespuntes
siempre cosidos a la tierra.
Azabache o azahar en los pasos,
alas de caminante en vuelo.

Sé que cuando os cansáis  
salta el placer de aquel origen:
el ligero galope,
compartir equilibrios
y destronar al aire…

Hoy me servís para cualquier paseo:
como barcos de papel por el mar,
desnudos sobre arena de harina
o dando palmas sobre hojas de otoño.
Por caminos de piedra,
el calzado es siervo elegante.

Ahora os doy las gracias:
la caricia en mis manos
y el beso de soplo húmedo.
En el desván de las plantas
la música de las verbenas.

Si en un futuro no muy lejano
los pasos son lentos y cortos,
nuevos días se harán memoria
de otros tantos senderos,
esos que hice inmortales.

La emoción en circuito por la piel
encenderá la senda invisible
y como un vuelo de alondras
daré mi paseo de cada tarde.
 
 

 

1 jul. 2014

NIÑOS





El alma cayó torcida en sus cuerpos,

lastre de pies desnudos,

torpe la órbita que les erró el destino.

 

Sin bálsamo que cubra el hambre,

un cristal de tristeza cruje en sus ojos.

Casi con nada

prenden la luna risueña de los labios.

 

 Alargan los dedos con un grito sordo,

se juegan la vida en agua y arroz.

Cuánto de tanto nuestro

nunca entrará en sus bocas.

 

Ácida lluvia la crisis del lujo

y esta ceguera voluntaria.

Grito justicia y grito reparto.

 

Dioses de las alturas,

¿por qué también cerráis los ojos?